miércoles, 6 de febrero de 2013

LOS PACIENTES DE FIBROMIALGIA QUE BUSCAN AYUDA AUMENTAN EN UN 60%

El insomnio, estrés o la depresión son algunos síntomas que están creciendo y afectan a la salud de las personas que sufren fibromialgia. SXC

Fuente: EFE. PAMPLONA    http://www.diariodenavarra.es
Actualizada 05/02/2013 a las 13:11
El número de personas atendidas el año pasado por la Asociación de Fibromialgia, Síndrome de Fatiga Crónica y Síndrome Químico Múltiple (Afina) ascendió a 300, lo que supone un aumento del 60% en relación al año anterior.
El empeoramiento de la salud sociosanitaria, mayores problemas psicológicos de parte del colectivo y una mayor demanda de información sobre las enfermedades son los factores causantes de este aumento, explica en un comunicado Afina, que ha ampliado los programas que ofrece a la persona afectada y sus familiares.
Se trata de un conjunto de dolencias que afectan a más de un 3% de la población navarra, principalmente la fibromialgia.
"El dolor, la fatiga y el rechazo a los químicos impiden a muchas personas afectadas levantar la bolsa de la compra o incluso coger una taza. Una problemática que se agrava con problemas como insomnio, estrés o depresión, síntomas que están creciendo en la situación actual afectando a la salud de las personas afectadas", explica Jokin Espinazo, presidente de la asociación, que observa "un empeoramiento de la salud del colectivo por problemas diarios provocados, en gran parte, por causas sociales".
Afina ha ampliado su trabajo a otras áreas, como nuevas herramientas psicológicas gracias a la incorporación de personal voluntario sanitario a la asociación.
Así, ha puesto en marcha nuevos talleres de intervención psicológica, entrevistas individuales para trabajar la "escucha activa" al paciente o el 'coaching', que aplicado a la salud ayuda a la persona afectada a involucrarse en su cuidado y su proceso personal con el objetivo de incrementar su calidad de vida.
También ha puesto en marcha un programa de atención a los familiares de la persona afectada para evitar la incomprensión que sufre en su entorno ante los continuos dolores y para ayudarles a asumir los cambios y a aceptar las limitaciones del afectado para continuar con la vida familiar, indica la asociación, que ofrece otros programas como la alimentación ecológica, talleres de ejercicio físico específico o vacaciones terapéuticas, entre otras actividades.

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AFIBROM CON MEDICINA INTEGRATIVA, LA MEDICINA DEL FUTURO

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Fuente: http://www.afibrom.org 
La Medicina Integrativa (MI) es un método nuevo destinado al tratamiento de las enfermedades crónicas. Fusiona los métodos diagnósticos y terapéuticos de la medicina occidental junto a técnicas comprobadas de las prácticas complementarias bajo estrictos controles profesionales. Los pacientes participan de forma directa en su tratamiento.

La MEDICINA INTEGRATIVA aborda los problemas del cuerpo, pero también de la mente y el espíritu, y lo hace de forma global. Este método está cambiando de forma importante los modos de tratamiento y ha contribuido a mejorar la calidad de vida, reducir sus complicaciones y crisis; los pacientes encuentran fases prolongadas sin síntomas, hay mejoras en los parámetros bioquímicos e inflamatorios. El consumo de medicamentos potentes disminuye reduciendo efectos secundarios.
Su objetivo es transformar el modo de hacer medicina de cara al futuro con un sistema que atiende globalmente al paciente bajo el cuidado de equipos multidisciplinares, con técnicas lo menos agresivas generando mayor calidad de vida y reduciendo los efectos secundarios, evitando discapacidades añadidas.
Su práctica se está extendiendo como un movimiento médico internacional y tiene como algunos ejemplos el trabajo en los Estados Unidos del Consorcio Norteamericano de Facultades de Medicina con más de 44 facultades de medicina de alto prestigio (
www.inconsortium.org), en Alemania (Congreso Europeo de Medicina Integrativa), o en el Reino Unido en los trabajos y actividades del Royal Hospital for Integrated Medicine, entre otros.
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jueves, 24 de enero de 2013

EL 65% DE PACIENTES CON FIBROMIALGIA PIERDE PODER ADQUISITIVO POR ENFERMEDAD

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http: //www.elconfidencial.com/ultima-hora-en-vivo/2013/01

EFE - 23/01/2013
Barcelona, 23 ene (EFE).- El 65 % de los pacientes con fibromialgia ha disminuido sus ingresos a causa de la enfermedad, que además genera gastos extras en un 81 % de los casos, según un estudio presentado hoy por la Fundación de Afectados de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica.
El estudio, dirigido por el jefe del departamento de Epidemiología del Hospital del Mar de Barcelona, Xavier Castells, se ha presentado esta tarde y es el primero en España que analiza el impacto sociolaboral y familiar de la fibromialgia, un síndrome crónico que afecta a 900.000 españoles.
La reducción media de los ingresos de los pacientes con fibromialgia es de 708 euros mensuales, al tiempo que los gastos crecen una media de 230 euros, debido al coste de la medicación y otras terapias necesarias, como la fisioterapia.
"La fibromialgia causa un fuerte impacto económico, de unos 10.000 euros a cada paciente, sumando el aumento de gastos y la pérdida de ingresos", ha explicado a Efe el jefe del servicio de reumatología del Parque de Salud Mar de Barcelona, Jordi Carbonell.
La fibromialgia se caracteriza por un cuadro de dolor crónico generalizado con hipersensibilidad al dolor, que en el 96 % de los casos afecta a mujeres, y no tiene un marcador biológico que facilite su diagnóstico.
La dolencia repercute en la situación laboral de los pacientes ya que, según el estudio, el 41 % es inactivo y en 4 de cada 5 casos afirman que dejaron el trabajo a causa de la enfermedad.
De las personas con fibromialgia que trabajan, un 50 % han tenido absentismo laboral en el último año y un 70 % afirma tener dificultades para rendir en el trabajo.
Asimismo, el 23 % de los pacientes tienen reconocida una situación de invalidez permanente, aunque en la mitad de los casos la administración solo lo reconoció tras una decisión judicial.
El estudio también muestra que los pacientes valoran con un suspenso (4,9) la atención sanitaria recibida, aunque el descontento es mayor con el sistema público - el 42, 9 % no está satisfecho- que con la sanidad privada - el 24 % no está satisfecho-.
Uno de los principales problemas en el ámbito sanitario es el retraso en el diagnóstico -que tarda de media 6,6 años-, que el 45 % de los pacientes recibió después de consultar a más de 5 profesionales.
La edad media de diagnóstico es a los 37 años, aunque cuando más joven es el paciente, más se tarda en diagnosticar la enfermedad.
La fibromialgia también repercute en la vida familiar de los pacientes, ya que el 44% de los pacientes dice depender bastante o totalmente de algún miembro de la familia para realizar las tareas domésticas.
Asimismo, en un 27% de los afectados, algún miembro de su familia ha tenido que cambiar su actividad laboral habitual por las dificultades que presenta el paciente.
El estudio se ha realizado a partir de entrevistas a 325 personas afectadas, de entre 16 y 64 años, de 35 centros de salud representativos de 14 comunidades autónomas, todas excepto País Vasco, Comunidad Valenciana y La Rioja. EFE
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viernes, 18 de enero de 2013

ANATOMÍA DE UN ESTRÉS CRÓNICO



Información recopilada por el Lic. Ricardo Masqueda, integrante de “FIBROMYRIAN FIBROMIALGIA”, a quien agradecemos por su gentileza de proveernos para redifundir, tan valioso material por su rico contenido, y muy relacionado con la Fibromialgia y otras enfermedades afines de sensibilización central. De corazón, esperamos les sea útil, y por sobre todo, que luego de leer reflexionen sobre el estilo de vida que están llevando hoy, y a no perder tiempo para hacer los cambios necesarios ahora, antes de que sea demasiado tarde, porque lo que el estrés-distrés descompone, no tiene repuestos, por lo menos hasta hoy, y se los digo por experiencia, como paciente de Fibromialgia.
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Estoy atrapado en un círculo vicioso: acumulo estrés sobre estrés. Estoy viviendo en modo de supervivencia. ¡Vivo enfermo!
Mi cuerpo me lo dice… a veces me grita una verdad que prefiero callar, que prefiero no escuchar: Cuando no es la gripe que chorrea, es el dolor de garganta que tapona, o el estómago que arde, o mi abdomen que engorda, o la neuritis intercostal que oprime, o esta mi piel que está brotada, o las alergias que me invaden, o los oídos que me zumban, o mi espalda (cervical / lumbar) que me aqueja, o la cabeza que me aturde, o las articulaciones que duelen, o los músculos que se contraen y duelen, o la respiración que me aprisiona.
A veces mi cuerpo elige no hablarme a través de mis órganos, vísceras y músculos, sino que me habla por el lenguaje de los emociones. Entonces me invade la ansiedad, o la depresión profunda, o el miedo. Este lenguaje me es más difícil de entender, me parece demasiado abstracto. ¡No sé qué hacer con esta tristeza, con esta frustración, con este pasado que me agobia, con estas expectativas catastróficas…con esta sensación de no saber cómo resolver!
El estrés crónico trae a la quiebra al sistema inmunológico
Hace tiempo que no logro cubrir el presupuesto de defensa de mi organismo. Mi producción energética no alcanza para comprar suficientes células natural killer (NK), linfocitos T, B y glóbulos blancos, y otros defensores necesarios. Me siento en déficit inmunitario. A veces tengo la ilusión de hacer algunos depósitos (reposos forzados, vitaminas y suplementos, etc.) a mi sistema inmunológico para generar superávit energético, pero al final termino más endeudado. ¡No logro equilibrar el presupuesto energético! Me he llenado de pasivos y he gastado todas mis reservas; todo en aras de “mantener la adaptación y el funcionamiento normal”. De una época para acá vivo tomando prestado – robando - a mi corazón, hígado, riñones y páncreas, para cubrir precariamente mi sistema de defensa externo, con la promesa de devolver lo prestado; pero nunca pago… ¡me ha vuelto un moroso insensible!
Hace tanto tiempo que no hago a mi cuerpo las reparaciones generales de rutina. He dejado de cumplir con los mantenimientos preventivos que mi cuerpo me reclama. En ocasiones ni siquiera he podido cumplir con los mantenimientos correctivos. En estos momentos tengo algunos de los componentes de mi cuerpo fuera de servicio: ¡Esta pierna que cojea…esta mano entumecida! Ha pasado el tiempo y las fallas y desperfectos se han acumulado.
Estoy viviendo muy alcanzado, no logro llegar a fin de mes con este cuerpo, no cumplo con las fechas de pago y los plazos de entrega que mi cuerpo me implora, y se me han acumulado las cuentas: sueño, alimentación, recreación, ejercicios, tiempo familiar, tiempo con Dios; además de éstos kilos, y estos dolores, y este cansancio…y la lista sigue.
Las enfermedades derivadas del estrés crónico son las enfermedades de la incongruencia personal
Desde hace un tiempo atrás mi cuerpo se ha convertido en mi enemigo. He dejado de reconocerlo – lo he alienado- se ha vuelto un extraño para mí. Con frecuencia mi cuerpo envía unos espías misteriosos – los síntomas – que me ponen en incomodidad, que me desarreglan la vida, revelando que está pasando allá dentro de él, como forzándome a prestarle atención.
La mayor parte del tiempo, me hago el desentendido, como si no escuchara lo que es ya un clamor, como si los síntomas no fueron míos. Me cuesta creer que todo esto me esté pasando a mí. Pero como dijo un autor: “Mi cuerpo me acompaña sin mentiras” (Manuel Barroso). Por más que me hago el desentendido y trato de aplacarlo – congraciarme con él - con calmantes, bálsamos, antiácidos, antialérgicos, terapias y sedantes, mi cuerpo nunca calla, nunca miente. Por el contrario, se expresa a través de síntomas, alertándome, inquietándome, previniéndome y forzándome – a veces utilizando medidas extremas – a buscar soluciones inmediatas. ¡Qué fiel es mi cuerpo!
Mi cuerpo me dice que no es mi enemigo, que él es como una caja de resonancia que amplifica y revela como estoy viviendo. El me dice que los espías misteriosos – los síntomas - son mis aliados: mensajeros de noticias ciertas…verdades irrefutables. Que esos espías se han vueltos mensajeros tercos y tenaces (crónicos) no para molestarme, sino que actúan como precursores obligados de una enfermedad que anuncian, pero que no quieren declarar.
Y que aún esta enfermedad que me aqueja no es mi enemiga, sino sólo una forma de expresión de lo que callo: un lenguaje desesperado que él utiliza para provocar mi atención, para sentirse tomado en cuenta; una forma extrema de comunicación para avisarme que he equivocado el camino.
Mi cuerpo me dice que estoy transitando el camino de la enfermedad, que no es más que el camino de la incongruencia, de la desorganización interna, de la desarticulación y desincronización total de mis sistemas vitales; el camino de la no conciencia, del no contacto conmigo mismo (necesidades, anhelos, deseos, sensaciones, emociones) y de la falta de expresión, consecuencia de un estilo de vida: manejo emocional, percepciones, conductas, hábitos y actitudes, caracterizados por la pérdida de integración, propósito, sentido y direccionalidad.
Mi cuerpo me dice que el camino de vida que he elegido, y la forma como ando (velocidad, ritmo, tono, frecuencia) por ese camino, es un entrenamiento seguro para desarrollar y mantener la enfermedad. ¡Ay, parece que me estoy entrenando para enfermarme!
Pero yo no sé qué hacer con estos síntomas: con este dolor…con esta inflamación…con este ardor…con esta opresión. ¡No entiendo este lenguaje de la enfermedad! Quisiera que mi cuerpo “me hablara más claro: más racional, más lógico”. Más él me dice que no le pregunte a él que está pasando, sino que me pregunte yo mismo: qué pasa conmigo que doy lugar a la enfermedad. El me dice que no pregunte por la enfermedad, sino por la persona que tiene la enfermedad.
Urgido mi cuerpo de hablarme y conectarse conmigo, un día hasta me compuso un poema, que en verso dice así (Dr. Nelson Torres):
El cuerpo grita lo que la boca calla
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas duelen cuando tu orgullo no se doblega.
El cáncer mata cuando te cansas de "vivir".
Y tus dolores callados, ¿cómo hablan en tu cuerpo?
Hoy me muevo en medio de paradojas y contraparadojas, incongruencias y contradicciones con mi cuerpo. Sin embargo, comienzo a darme cuenta, como decía mi profesor, que algo malo está pasando, que “más allá del síntoma, está la enfermedad”. Temo que mi cuerpo me pase una factura que no sea capaz de pagar, por un consumo que no recuerdo, o tal vez quiero olvidar, cuándo lo hice.
Nunca he llevado la contabilidad de mi cuerpo al día. Ni siquiera conservo los soportes de lo que gasté, compré o alguna vez invertí. He dejado de ir al médico, por temor a no pasar la auditoría. Tal vez por miedo o pena, de que el médico me diga que necesito declararme en quiebra.
¡Estoy atrapado en un círculo vicioso, y no sé cómo salir de él! Sé que necesito hacer una pausa, pero no puedo parar. ¡No puedo permitirme estar enfermo ahora! Tengo tantas cosas pendientes por resolver, tantos proyectos que atender, tantas tareas que realizar, tantas metas que lograr...
Converso poco con mi cuerpo, pero cuando ya no lo aguanto, le pido - como una especie de rezo desesperado - que no se vaya a parar. ¡Todavía no!
A modo de conclusión:
El estrés es una respuesta fisiológica y psicológica a acontecimientos que trastornan nuestro equilibrio (Roberta Lee, El Síndrome del Superestrés). El estrés no siempre tiene una connotación negativa. El estrés es normal, como respuesta o reacción del organismo ante un desafío físico o emocional, producto de las demandas del ambiente.
Ahora los seres humanos tendemos a vivir en situaciones estresantes crónicas: fechas límites, exigencias irracionales, condiciones ambientales adversas, etc. Cuando la condición de estrés permanece en el tiempo a pesar de que el agente estresor ya no está presente, se produce un estrés crónico, lo cual implica una pérdida de la capacidad de autorregulación.
El estrés, entonces, que tiene una función adaptativa, termina generando una condición perjudicial para el organismo. En este último caso el organismo sigue bombeando los flujos hormonales, lo cual crea una condición de estado de alerta permanente, que afecta la salud física y emocional.
Una vez roto el equilibrio fisiológico y psicológico el organismo pierde sintonía y balance. Si la pérdida del equilibrio es de largo plazo (estrés crónico), el estrés es perjudicial, limitante e incapacitante; si el estrés es temporal, el organismo tiene la capacidad autorregularse y recuperar el equilibrio.
Demasiada tensión en su vida puede enfermarlo. Llevar en forma prolongada demasiada carga de estrés no constructivo, es como mantener un arco con la cuerda tensada en forma indefinida o dejar una plancha de ropa atascada en la posición de encendido, tarde o temprano algo se va a romper o quemar; y ese algo puede ser usted. Lo que se rompa dependerá en dónde está el eslabón más débil en su cuerpo.
Hay personas que por largo tiempo entrenan su cuerpo para enfermarse. Ponen a operar su cuerpo de una manera disfuncional, descontrolando su sistema nervioso, su sistema endocrino y su sistema cardiovascular, y luego terminan por enfermarse: enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, cáncer, enfermedades gastro – intestinales, etc.
Referencias Bibliográficas:
Medicinas Alternativas, Estrés y fatiga crónica, 2006, Ediciones LEA.
Colbert Don, Emociones que matan, 2003.
Barroso Manuel, Autoestima: Ecología o Catástrofe, 1998.
Dispenza Joe, Desarrolle su Cerebro, 2007, Editorial Kier.
Society for Neuroscience, EEUU, Brain Facts.
PEPSIC- Periódico Electrónico de Psicología, Psiconeuroinmunología:
conexiones entre sistema nervoso y sistema inmune (v.15 n.1 Bogotá
mar. 2008).
Epstein Robert, El gran libro de los juegos para aliviar el estrés,
2001, Ediciones Oniro.
Lee Roberta, El síndrome del Superestrés, 2010, Ediciones Urano.
Soler Jaime y Conangla M. Mrecé, La Ecología Emocional, 2004,
Editorial Amat SL.
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jueves, 3 de enero de 2013

CÓMO VOLVER A LA RUTINA DESPUÉS DE LAS FIESTAS

Fuente: http://www.hoy.com.py/ miércoles 2 de enero de 2013 | 18:51
Cómo volver a la rutina alimenticia. Foto: Saludable.com
No quedan dudas que las fiestas de fin de año implican todo un cambio en los hábitos diarios, entre estos hábitos modificados por estas fechas especiales encontramos el de la alimentación, casi siempre las consecuencias de las fiestas la encontramos o mejor dicho vemos al mirarnos al espejo con esos kilos demás. Ahora bien, como hacemos para volver a la rutina después de tantos excesos; lo primero es desintoxicar nuestro cuerpo para luego volver a los buenos hábitos y los cuidados.
Un propósito que no debiera quedarse en proyecto es la de perder peso ya que unos estudios recientes más del 30% de la gente tiene problemas de obesidad y más de la tercera parte presenta sobrepeso. Pero tan importante como perder peso es desintoxicar nuestro organismo al que, en estas fechas, sometemos a más de un peligroso exceso.
Muchas veces no somos concientes de lo que podemos llegar a consumir esas noches de fiesta, se asegura que en una cena navideña o de fin de año se consumen calorías equivalentes a 5 días.
El problema surge cuando debemos volver a la rutina luego de dos días de mucha comida y alcohol.
Para comenzar con energía el 2013 podemos tener en cuenta estos consejos:
• Tomar medio litro de agua al levantarse, devuelve la hidratación al cuerpo. No probar una gota de alcohol en todo el día
• Alimentarse con verduras y frutas para cuidar la línea y volver con energías al trabajo.
• Dormir para descansar el cuerpo 
• Consumir infusiones no sólo sirve para el estómago, sino que puede mejorar el estado de la piel, sobre todo para esas temidas ojeras y bolsas que aparecen tras el cansancio
• Dieta y ejercicio en los primeros días para crear hábitos saludables para el resto del año.
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lunes, 31 de diciembre de 2012

¡¡¡BIENVENIDO 2013!!!

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¡¡¡AÑO NUEVO, NUEVAS METAS.
TODO LO PODEMOS,
CON CRISTO JESÚS QUE NOS DA LA FUERZA!!!
Que el Nuevo Año,
signifique un tiempo de Prosperidad Integral,
donde se cumplan nuestros mejores propósitos.
Que consolidemos las bases más firmes de nuestra vida,
y fortalezcamos los vínculos que valgan la pena.
Que Dios nos Bendiga con Buena Salud,
con Amistades auténticas, sin dobleces.
Y ante todas las circunstancias,
el Amor, los Afectos y las Vivencias Positivas
unos con otros;
pesen más que las diferencias.

¡¡¡BIENVENIDO 2013!!!
¡¡¡SALUD, PAZ Y BIENAVENTURANZAS 
EN EL N. d. JESÚS,
PARA TODAS Y TODOS
DESDE FIBROMYRIAN FIBROMIALGIA!!!
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domingo, 30 de diciembre de 2012

HUMANIZAR EL ABORDAJE DEL DOLOR Y DEL SUFRIMIENTO

José Carlos Bermejo
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Con frecuencia utilizamos como sinónimos la palabra dolor y sufrimiento. Obviamente son distintas, pudiéndose dar sufrimiento sin dolor. En ocasiones, ante la contemplación de lo que no podemos aliviar con fármacos (dolor), encontramos dificultad en la relación. Es muy fácil no saber qué decir ante el sufrimiento inevitable, asociado por ejemplo a la dependencia, a la pérdida de un ser querido, al sentimiento de vacío existencial, al envejecimiento no vivido en positivo.
En otras ocasiones, interpretamos el sufrimiento con categorías culturales (y a veces religiosas) que en lugar de ayudar a vivir sanamente, incrementan la percepción de malestar.
Por eso, parece urgente un planteamiento humanizador del abordaje del sufrimiento humano que contribuya a sanar el modo de pensar, el modo de sentir y el modo de acompañar.
1. DOLOR Y SUFRIMIENTO
Es obvio que no es lo mismo dolor que sufrimiento. Sin embargo, no siempre las profesiones sanitarias y de prestación de servicios sociales y el modo espontáneo de expresarnos, recogen la diferencia.
El dolor producido por daño tisular puede ser causa de sufrimiento, pero puede existir sufrimiento sin dolor. Incluso cabe preguntarse si con nuestra actitud no estamos contribuyendo también a disminuir el dolor y –en ocasiones- a aumentar el sufrimiento, sobre todo cuando canjeamos una vida más corta y una muerte más rápida por vidas más prolongadas y muertes más lentas.
Cassel refiere que el sufrimiento es el estado de malestar inducido por la amenaza de la pérdida de la integridad o desintegración de la persona, con independencia de su causa. Las personas que padecen dolor declaran con frecuencia que únicamente sufren cuando su origen es desconocido, cuando creen que no puede ser aliviado, cuando su significado es funesto, cuando lo perciben como una amenaza.
El dolor, dice Ramón Bayés, se transforma en sufrimiento cuando se teme su prolongación, reaparición o intensificación en el futuro sin posibilidad de control.
La International Association for the Study of Pain (IASP) define el dolor como “la experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a lesiones hísticas reales o probables, o descritas en función de tales daños”; mientras que define el sufrimiento como “la respuesta negativa inducida por el dolor y también por el miedo, la ansiedad, el estrés, la pérdida de objetos afectivos y otros estados psicológicos”.
Es obvio, pues, que al hablar de sufrimiento estamos pensando en un estado afectivo, cognitivo y negativo complejo caracterizado por la sensación que experimenta la persona de encontrarse amenazada en su integridad, por su sentimiento de impotencia para hacer frente a esta amenaza y por el agotamiento de los recursos personales y psicosociales que le permitirían afrontarla. Y esto es fácil encontrarlo cuando no hay estímulos nociceptivos que producen dolor. Una persona mayor puede sufrir –como todo ser humano- por perder a un ser querido, por sentir inseguridad habitacional, por no poder caminar solo, por hacer experiencia de inutilidad o sentirse un peso para los demás, y por tantas otras causas.
Hablar de sufrimiento es hablar de indefensión percibida, de sensación de amenaza y el sentimiento de impotencia. En el sufrimiento lo importante no son los síntomas, sino las valoraciones de intensidad amenazadora que los síntomas suscitan en las personas. En la cultura medicalizada como la que vivimos, describimos fácilmente el sufrimiento con el lenguaje del dolor.
Humanizar los servicios a las personas mayores comporta no sólo identificar y controlar síntomas, rehabilitar o intentar curar, sino determinar el grado vivencial de amenaza experimentada por cada una de las personas mayores. Basarse en exceso en la morfina y apenas prestar atención a la dimensión psicológica puede dar lugar a dolor intratable.
Quizás deberíamos rescatar la conciencia de que el objetivo de las profesiones sanitarias no es prevenir y curar las enfermedades exclusivamente, sino también ayudar a las personas a morir en paz, a vivir sanamente el sufrimiento inevitable. Por eso, hemos de decir que no se trata ya de preservar la vida a cualquier precio sino de aliviar en lo posible el sufrimiento y tratar de conservar la vida que, a juicio de cada persona y de la comunidad, merezca ser vivida.
2. VIVIR SANAMENTE EL SUFRIMIENTO
Si ante el dolor, la estrategia más saludable es su alivio farmacológico, después de ser interpretado, ante el sufrimiento, creemos que son los recursos relacionales los más importantes para desplegarlos en un sano acompañamiento humanizado.
Sabemos que hay planteamientos poco saludables en torno al sufrimiento. Hay quien lo vive como un castigo, quien lo interpreta como una fatalidad (fatum, destino), quien lo califica como una fuente de méritos u oportunidad de purificación.
Pero rápidamente surge la pregunta sobre la antropología y la cultura subyacente a estas y otras interpretaciones enfermizas. Antes hablábamos fácilmente de resignación y hoy somos conscientes del peligro que tiene por su connotación de pasividad. Más tarde hemos conjugar el verbo aceptar. Aceptar el sufrimiento comporta también el peligro real de arrastrar una actitud de pasividad. Sin duda, en la relación con las personas que sufren experimentamos la necesidad de purificar el lenguaje sobre el sufrimiento.
Conviene hacer algunas distinciones. Hay que distinguir entre el sufrimiento producido por la naturaleza, por nuestra condición de finitud, de criaturas; el sufrimiento que es consecuencia de nuestra libertad mal empleada, es decir el que nos procuramos unos a otros mediante acciones agresivas, inhumanas, mediante omisiones o caminos no adecuados (¡cuánto mal se podría evitar con comportamientos sanos a nivel personal, interpersonal, comunitario, político...!); y sufrimiento asociado al amor y al servicio, es decir el resultado de quien por opción libre apuesta por trabajar por construir una humanidad mejor y ello le acarrea como consecuencia esfuerzo, contrariedades, oposiciones, etc.
El primero reclama nuestra limitación natural, que se traduce en enfermedades y limitaciones; el segundo reclama nuestra libertad de hacer el bien o el mal; y el tercero evoca que no se puede amar sin sufrir.
Pues bien, de modo sintético podemos decir que algunas claves para vivir sanamente el sufrimiento podrían ser:
- Eliminar el sufrimiento que potencialmente puede desaparecer controlando los síntomas que producen displacer (incluido, obviamente el dolor).
- Luchar contra el sufrimiento injusto, particularmente el que nos procuramos unos a otros con nuestras conductas, con los malos tratos, con la injusta distribución de los recursos socio-sanitarios, ayudas técnicas, etc.
- Eliminar el sufrimiento innecesario que a veces se produce por no usar bien los fármacos que nos pueden aliviar, ayudar a dormir y descansar, aliviar síntomas que nos empeñamos en no controlar pudiendo ser controlados.
- Luchar contra el sufrimiento evitable, tanto antes de que se haya producido como después de que se ha producido su causa o la valoración cognitiva de aquello que lo desencadena.
- Mitigar, en lo posible, el sufrimiento inevitable, ese que no podemos eliminar porque nos duele perder a un ser querido, tomar conciencia de nuestra limitación, etc.
- Integrar el sufrimiento que no se puede superar, haciendo lo posible por convertirle en maestro de vida, en lugar de en fuente de hundimiento emocional o vacío existencial.
Digamos, amparados en la logoterapia de Frankl, que somos libres, en el fondo, del modo como vivimos lo que no podemos cambiar.
3. CRECER EN EL SUFRIMIENTO INEVITABLE (RESILIENCIA).
Con el proceso del envejecimiento, los seres humanos nos “inclinamos hacia abajo”, nos “doblamos como las palmeras”. Esta metáfora de las palmeras, que dejan pasar los fuertes vientos, se doblan y agachan su cabeza, pero se recobran y siguen creciendo después de las tormentas, robusteciendo así su tronco su resistencia, es utilizada para hablar de la resiliencia. Es un tipo de respuesta general de fortaleza ante la crisis.
Inicialmente, la palabra usada ahora tanto en el ámbito de la psicología y la espiritualidad, procede de la física para identificar la cualidad de algunos materiales para resistir y recuperarse ante el embate de una fuerza externa.
UN MODO DE VIVIR EL SUFRIMIENTO
La resiliencia personal consiste en tener la capacidad de afrontar la crisis, reconstruirse y no perder la capacidad de amar, de luchar, de resistir; antes bien, potenciar los recursos interiores para luchar.
Es el arte de no dejarse arrastrar por el impacto de un mar embravecido en medio de la tempestad personal en la que experimentamos nuestra embarcación amenazada, quizás sin rumbo. La persona resiliente se mantiene y logra un nuevo rumbo aún más interesante y consistente que antes de la tormenta. No se deja arrastrar hacia donde el oleaje golpea y donde parece querer hundir la embarcación.
La persona resiliente no es invulnerable, no niega la crisis, no es impasible ante la adversidad. En el interior de la persona resiliente, bajo la aparente debilidad (la palmera que se dobla), hay una fortaleza. Ramón y Cajal decía que “los débiles sucumben no por ser débiles, sino por ignorar que lo son”.
De hecho, es sabido cómo mucho de nuestro sufrimiento con ocasión de las crisis que experimentamos, como las que sobrevienen con ocasión del envejecimiento, tiene su raíz no en lo que nos hiere sino en la manera en que elegimos manejar y vivir esa herida.
Sabemos, por ejemplo que bajo la aparente debilidad del que llora, suele esconderse la fortaleza de quien ama. O como diría el gran médico sir William Osler, “la herida que no encuentra su expresión en lágrimas puede causar que los órganos lloren”. Y eso es enfermar.
Si nuestra forma de gestionar los sentimientos ante el envejecimiento y sus crisis influye en la potencialidad resiliente, nuestra forma de pensar tiene igualmente su influjo. Nuestra respuesta mental ante la adversidad puede ser manejada de una manera positiva, optimista, de tal modo que, de la dificultad, salgamos reforzados.
CULTIVO INTERIOR
Nos estamos empeñando, en nuestros días, en quitar importancia –cuando no denigrar- cuanto tiene que ver con la espiritualidad. Nos estamos empeñando en pensar que “hay que ver para creer”, olvidando que es más verdad que “hay que creer para ver”, sobre todo para ver lo más importante, lo que alcanza a ver sólo el corazón.
Es obvio que el cultivo de la vida interior, de la capacidad reflexiva, de la capacidad trascendente, de la referencia a lo más genuinamente humano, de la sabiduría del corazón, de los valores, es la mejor plataforma para atravesar las tempestades y salir fortalecidos de ellas o atravesarlas de manera elegante.
La inteligencia emocional subraya algunos de estos elementos, tales como el autoconocimiento, el autocontrol emocional, la capacidad de motivarse a sí mismo, como competencias intrapersonales susceptibles de ser desarrolladas, además de las competencias interpersonales.
Lao Tsé decía “conocer a otros es conocimiento, conocerse a sí mismo es sabiduría”. Y así podemos encontrar dentro de nosotros mismos esas potencialidades de soñar despiertos sin ser ingenuos, de desear y trabajar por el bien en medio de lo que a primera vista nos hace mal.
No es una actitud dolorista la que esconde la resiliencia. No se trata de una actitud ensalzadora del dolor en sí mismo, que no dejaría de ser un posicionamiento enfermizo ante la adversidad. Aunque, ¡quién sabe qué querían decir nuestros antepasados cuando utilizaban palabras como resignación! Es posible que en la intención del que exhortaba piadosamente a adoptar esta actitud, estuviera una propuesta activa, aunque hoy tenga para nosotros una clara connotación de pasividad y derrotismo.
De hecho, algunos diccionarios recogen aspectos positivos como la paciencia y la conformidad ante las adversidades, sin connotación de pasividad. Otros, refieren además de conformidad y paciencia ante obstáculos y adversidades, la variable tolerancia.
VOLUNTAD DE SENTIDO
Diríamos que es más bien la proactividad –y no la pasividad- la que es capaz de indicar la potencialidad resiliente. La persona proactiva es aquella que toma la iniciativa, toma las riendas de su propia vida, se siente responsable incluso ante lo que no puede cambiar, se siente libre ante aquello en medio de lo paradójicamente “se siente esclavo”.
Desde la perspectiva de la logoterapia, diríamos que la disposición de buscar un para qué a todo lo que nos ocurre, aunque no comprendamos el porqué, forma parte de esta voluntad de crecer en las crisis.
Esta voluntad es lo contrario de la indiferencia o la apatía, que nos impide, en tantas ocasiones, comprometernos con nosotros mismos y con los demás.
La resiliencia, en último término, es el resultado de múltiples procesos que contrarrestan las situaciones nocivas o de crisis. Se trata de una dinámica en la cual se podrían señalar algunos elementos tales como: la defensa y la protección de uno mismo, el equilibrio ante la tensión, el compromiso ante lo que sucede, la responsabilidad activa, el empeño por la superación, la capacidad de dar un sentido y reorientar la propia vida en la crisis, la visión positiva en medio de la negatividad, la capacidad creativa de reacción.
Nietzsche lo diría así: “lo que no me destruye, me hace más fuerte”.
El doctor Gerónimo Acevedo, autor de “El modo humano de enfermar”, dice que el verbo madurar sólo puede conjugarse en gerundio. Entre sus expresiones, nos encontramos ésta:
Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras porque se volverán actos.
Cuida tus actos porque se volverán costumbres.
Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter porque formará tu destino.
Y tu destino será tu vida.
Quizás sea éste uno de los objetivos del acompañamiento hecho de relaciones de ayuda a las personas mayores: fomentar la resiliencia en las crisis propias del envejecimiento; fomentar, en último término, un modo sano de vivir el sufrimiento inevitable y aliviar todo dolor y sufrimiento evitable.
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