lunes, 30 de noviembre de 2015

UN JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA - Una Oportunidad para practicar las Obras de Misericordia

 Introducción
Este 8 de Diciembre de 2015 el Papa Francisco ha convocado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como un tiempo propicio para se haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.
El Año Santo se abrirá el 8 de Diciembre de 2015, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, en el Paraguay, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción de los Milagros de Caacupé, Patrona del Paraguay.
 El sentido de esta fiesta es que Dios ante la gravedad del pecado, responde con la plenitud del perdón. Lia misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona.
En la fiesta de la Inmaculada Concepción el Papa Francisco tendrá la alegría de abrir la Puerta Santa, es decir, la Puerta de la Misericordia, a través de la cual cualquiera que entrare podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza.
Al domingo siguiente, III de Adviento, se abrirá la Puerta Santa en la Catedral de Roma, en las demás basílicas papales, e inclusive, en cada Iglesia particular o Catedral, o Santuarios.
El Año Santo tuvo su origen en el pueblo de Israel, porque el Año Santo era un instrumento jurídico que habían encontrado para solucionar los problemas sociales, evitar la acumulación de propiedades, impedir el excesivo enriquecimiento de unos pocos, restablecer la igualdad económica, y remediar la pobreza de la gente más humilde.
Al principio se creó el "El Año Sabático" según el "El Código de la Alianza" (Éxodo 20-23), el Código Deuteronomista (Deuteronomio 12-26), anunciado por Isaías 61, 1-2; verdadero Año Santo, anunciado por Jesús de Nazaret, según Lucas 4, 16-21. Jesús quiso enseñar a la gente que la llegada del Año Santo, anunciada por Isaías, no se cumplió en el año 538, sino que se cumplía con Él, pero aclarando que el Año Jubilar que él inaguraba no duraría 365 días, ni es para celebrarlo cada 50 años, sino que era un tiempo permanentem estable y para siempre. Por eso dice que la profecía de Isaías "se ha cumplido hoy", es decir, "ha comenzado a partir de hoy". 
Con Jesucristo, pues, los hombres han entrado en un Año Santo perpetuo, en el que todos los que creemos en él asumimos el compromiso de ser solidarios con los demás; en el que todos debemos procurar que nadia sufra, que nadie se sienta agobiado, que nadie esté sometido a ninguna esclavitud ni padezca injusticias; en el que todos procuramos vivir un "año interminable" de gracia, propuesto por Dios.
En el año 1300 de nuestra era, el Papa Bonifacio VIII decidió volver a imlplantar la práctica del Año Santo en la Iglesia; y propuso que se lo celebrara cada 100 años. Más tarde, en 1343, el papa Clemente VI acortó el plazo y estableció el Jubileo cada 50 años (como en el Antiguo Testamento). Finalmente Pablo II, en 1470, redujo el intervalo jubilar a 25 años, que es la forma en que lo celebramos actualmente. Pero lamentablemente muchos cristianos han perdido el verdadero sentido del Año Santo propuesto por Jesús. 
Jesús de Nazaret anuncia que el tiempo histórico actual es un tiempo cargado con una fuerza transformadora especial. Y que frente a la voluntad opresiva de ciertos grupos e instituciones, existe otra voluntad, la voluntad de Dios, que se opone a esta situación injusta. Que Dios está dispuesto a ponerle fin. Y que los cristianos debemos colaborar para que se cumpla la voluntad divina.
El Año Jubilar de la Misericordia se concluirá en la Solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de Noviembre de 2016, esperando que se difunda su misericordia como el rocío de la mañana, impregnando cada día de la misericordia de Dios, llevando la bondad y la ternura de Dios. A todos, creyentes y lejano, puedan sentir el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros.
El Papa Francisco nos invita a vivir a la luz de la palabra del Señoir: "Misericordiosos como el Padre" (Lc 6, 36), especialmente reflexionando y practicando las Obras de Misericordia corporales y espirituales. Estamos invitados a redescubrir las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediente, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidarnos de las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.
 Iniciemos este Año Santo de la Misericordia "poniendo más corazón en las manos", especialmente entre los enfermos, de manera concreta con los pacientes de fibromialgia y personas que sufren dolores crónicos, que reciben los cuidados paliativos, con una contención psicológica y espiritual a los familiares, profesionales de la salud, etc.
Elaborado por el Lic. Ricardo Masqueda.
Bibliografía consultada:
Enigmas de la Biblia, nº 4, pág. 45-54; de Ariel Álvarez Valdés, Ed. San Pablo, 2004.
Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia del Papa Francisco del 11 de Abril de 2015.
Obs. Las imágenes son gentileza de la página web.