Según el Dr. José Carlos Bermejo, religioso camilo español, director del Centro de Humanización de la Salud de Madrid, España, doctor en teología pastoral sanitaria, máster en bioética, en counseling (...) autor del libro "¿Qué es humanizar la salud-Por una asistencia sanitaria más humana" (2003), afirma que humanizar constituye una exigencia ética, que proviene de la dignidad humana. Y que cualquier proceso de humanización pasa por la RELACIONES INTERPERSONALES.
El hecho de que la humanización no pueda escapar a la relación interpersonal nos invita a centrar nuestra atención en el influjo o influencia de los sentimientos en la humanización, en el proceso formativo de los profesionales de la salud, en el afrontamiento de las enfermedades y tratamientos de los pacientes y familiares, en las políticas de salud pública, etc.
En estos últimos años y a raíz del best-seller "Inteligencia Emocional" de Daniel Goleman, se está hablando abundantemente sobre la inteligencia emocional, porque los sentimientos impregnan el estilo relacional de los equipos de salud, interfieren en las relaciones de los agentes sanitarios y en los mismos procesos terepéuticos, así como en los juicios éticos, etc.
Cuando una persona enferma, ella y su núcleo familiar acuden a personas y organizaciones que le prestarán un servicio de salud, se establece una relación entre el usuario del sistema de salud y la que se produce entre los mismos miembros de los equipos que planifican y prestan los servicios ha de estar dotada de de UNA BUENA DOSIS DE INTELIGENCIA EMOCIONAL.
Los profesionales de la salud están muy acostumbrados a encontrarse con EMOCIONES INTENSAS en el ejercicio de su profesión. NO siempre-lo reconocen ellos mismos-LAS MANEJAN CON COMPETENCIA, porque TAMPOCO FUERON PREPARADOS EN INTELIGENCIA EMOCIONAL.
Es obvio reconocer la importancia del manejo de los SENTIMIENTOS DEL PROFESIONAL para realizar bien su tarea, para NO CAER PRONTO EN BURN-OUT -o Síndrome del Quemado, desgaste profesional-para no quemar las motivaciones y vivir saludablemente en medio de la intensidad de dolor que se da cita a su alrededor, para cualificar éticamente el cuidado.
EDUCAR EN INTELIGENCIA EMOCIONAL DEBERÍA SER OBJETO DE ATENCIÓN PARA LOS RESPONSABLES DE LOS PROGRAMAS FORMATIVOS-ACADÉMICOS de todos los agentes de salud para afrontar con competencia en la RELACIÓN CLÍNICA, donde el manejo de los sentimientos es tan pobre que se cae en frases hechas, espontáneas, donde la respuesta empática brilla por su ausencia. EDUCAR EN INTELIGENCIA EMOCIONAL O SABIDURÍA DEL CORAZÓN CONSTITUYE UN ÁREA DE HUMANIZACIÓN DE LA ASISTENCIA SANITARIA.
La inteligencia emocional según Goleman, es la capacidad de una persona de manejar con competencia una serie de habilidades personales (conciencia de uno mismo, autorregulación, motivación) y sociales (empatía, habilidades sociales, que están estrechamente relacionadas con ACTITUDES, en donde la madurez de una persona dependerá de la SANA INTEGRACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS, EMOCIONES.
Nuestras emociones pueden afectar en gran medida a nuestra salud. Los sentimientos negativos, si son intensos prolongados, pueden aumentar nuestra vulnerabilidad o dificultar la recuperación. Por otra parte, los estados más positivos, tienen efectos benéficos sobre la salud a pesar de que su impacto no sea tan fuerte como el de las negativas.Las emociones influyen en la salud también através de sus propiedades motivacionales, por su capacidad para modificar las conductas saludables o no saludables.
"El paciente, aunque reconozca que su condición es de peligro, puede RECUPERAR SU SALUD solamente con lo que le transmite la BONDAD DE SU MÉDICO" (Hipócrates). Esta frase nos da la pauta de que muchos pacientes se recuperaban en parte por el PODER DE SANAR, ese elemento de la "MEDICINA HUMANÍSTICA" presente en la relación clínica.
Una metodología socrática puede ayudar a los profesionales de la salud, a los pacientes y familiares a potenciar la AUTOCONCIENCIA y para aprender de la REFLEXIÓN sobre la propia experiencia.
A modo de conclusión, podemos terminar con Goleman, que "debemos destacar la importancia médica que supone la presencia de una enfermera o de un doctor EMPÁTICOS Y ATENTOS a sus pacientes, CAPACES tanto DE ESCUCHAR como de HACERSE OÍR. Esta relación clínica se vería fomentada si en la FORMACIÓN de los FUTURO MÉDICOS se INCLUYERA EL CONOCIMIENTO BÁSICO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL O SABIDURÍA DEL CORAZÓN, ESPECIALMENTE LA TOMA DE CONCIENCIA DE UNO MISMO Y LAS HABILIDADES DE LA EMPATÍA Y LA ESCUCHA".
(Resumen realizado por el Lic. Ricardo Masqueda).
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De la espiritualidad a la resiliencia, por una difusión actualizada de los avances científicos de la fibro, dolor crónico y afines. La perspectiva del Dr. Manuel Martínez Lavín, como referente principal. Que las familias, los amigos y la sociedad en general conozcan el verdadero rostro de la fibromialgia. Myrian Benítez, autora del 1er. libro paraguayo de "Fibromialgia. Desde la óptica de una paciente", con su paradigma de abordaje: “el Mver, su Método Vivencial de Espiritualidad y Resiliencia”.
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viernes, 27 de febrero de 2015
lunes, 25 de febrero de 2013
EDUCACIÓN Y HUMANIZACIÓN PARAGUAYA (Por J. Montero Tirado)
http://www.abc.com.py 25 de febrero de 2013
Diario ABC COLOR. Edición Impresa.
Históricamente los paraguayos se han caracterizado por su calidad afectiva en las relaciones sociales e interpersonales, por ser un pueblo amante de la naturaleza, estrechamente vinculado a ella, procurando vivir en casas con patio y vegetación, defensor de sus árboles y animales domésticos, orgulloso de las bellezas que la naturaleza le ha regalado, poeta y cantor de esas maravillas naturales.
Diario ABC COLOR. Edición Impresa.

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¿Qué pasó para que el lago Ypacaraí haya muerto, nuestros arroyos estén todos contaminados o secos y sus cauces sean estercoleros de nuestras basuras? ¿Qué pasó para que echemos nuestro veneno al río y matemos a miles y miles de peces? ¿Cómo es posible que estemos deforestando el país para convertirlo en desierto?
¿Qué pasó para que nuestros adolescentes y jóvenes sean tan irritables, agresivos y violentos? ¿Qué educación les hemos dado para que a los quince años violen en clubes sociales a sus propias compañeras y amigas? ¿qué estamos haciendo para que haya tanta delincuencia y criminalidad de jóvenes? ¿Cómo es posible que aparezcan más y más familias que se dedican a vender drogas crueles y mortales, como el crack, incluso a sus vecinos?
Este catálogo de lamentos no dice toda la verdad. También hay adolescentes y jóvenes extraordinarios, profundamente humanos y cálidos, sólidamente formados..., pero son demasiado pocos.
El problema de la educación es no solo que se logran muy bajos resultados en la transferencia y adquisición de conocimientos, es también que no prepara con competencias para que salgan de las aulas sabiendo hacer.
Ante el panorama preocupante de los desastres ecológicos que estamos haciendo, de las violencias sin sentido alguno simplemente por veleidades y descontrol de emociones primarias, ante el crecimiento de la delincuencia, de los asaltos y robos, de la criminalidad…, los educadores tenemos que revisar a fondo la educación que hemos dado y seguimos dando.
Es cierto que la responsabilidad de la educación integral de todos y cada uno de los ciudadanos depende más que de la educación formal que damos en las instituciones educativas, de las otras instancias educativas que son más importantes e influyentes, la educación en la familia y la educación que se recibe de la sociedad como tal. Pero la contribución de la educación escolar puede y debe ser mucho más eficiente y de alguna manera compensar las deficiencias lamentables de la educación familiar y social.
Francesc Torralba (2012) dice que la educación no ha logrado superar tres analfabetismos fundamentales para la formación total y la humanización de los educandos: el analfabetismo emocional, el analfabetismo intrapersonal y el analfabetismo espiritual.
Observando en general el comportamiento afectivo de la mayoría de los jóvenes y adultos parece claro que no se aprendió a identificar las propias emociones y las de los demás, que no sabemos expresarlas correctamente, controlarlas y analizarlas adecuadamente. Lo mismo podemos decir de los sentimientos y las pasiones. No distinguimos entre impulsos y deseos y menos aún aprendimos a descubrir nuestras verdaderas motivaciones.
La alfabetización intrapersonal nos capacita para conocer nuestro mundo interior, nuestros procesos mentales además de los afectivos más íntimos, a identificar nuestras potencialidades y nuestras limitaciones íntimas, nuestras vivencias y su valoración. Se trata de superar el vivir extrovertidos, dependiendo de los estímulos y las sensaciones externas y tener capacidad de introversión, de vida interior personal íntima.
El alfabetizado espiritualmente desarrolla su capacidad de tomar distancia de la realidad, al mismo tiempo que se siente parte del todo, encuentra el sentido último de su existencia y valora la posible proyección y trascendencia de sus actos.
Una educación que prescinde del desarrollo y capacitación de la vida emocional, de la vida intrapersonal y de la vida espiritual de los educandos es una educación que recorta al ser humano, dejándolo en lo más extrínseco a su ser, sin lo que lo hace precisamente humano, más humano.
Nuestro sistema educativo es limitado y limitante en dimensiones absolutamente fundamentales para la humanización y realización plena de los educandos. Los diseños curriculares y sus programas si lograran sus objetivos a lo más lograrían personas funcionales, para algunas funciones de la vida.
Aunque frecuentemente se afirma en los documentos oficiales que se busca la “educación integral”, la verdad es que estamos lejos de poder alcanzarla.

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